Petanca al Solar de la Botja: nous horaris!


Canviem els horaris de la petanca!

Cada DIMARTS

19:30 hores

Al Solar de la Botja (carrer de Recared cantonada carrer de Camarón)

Participació oberta i gratuïta

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One response to “Petanca al Solar de la Botja: nous horaris!

  1. Elogio de la petanca (por Jordi Soler)

    La petanca es mi deporte predilecto. Puede practicarse mientras se conversa, se bebe y se fuma. La petanca, para quién no lo sepa, se juega con unas bolas de fierro que hay que lanzar lo más cerca posible de una pelota pequeña. Es un juego que se parece, en sus líneas generales, a la rayuela. Explicar más, en la era de Google, sería una necedad. La petanca es un deporte originalmente Occitano, del sur de Francia, muy extendido en el norte de España y, hacia arriba, más allá de París. También se juega en México, sobre todo a nivel de mar, donde la gente suele tener una especial propensión al placer, y al buen vivir. La petanca es un juego de viejos, que conserva viejas costumbres como la conversación y viejos valores como la camaradería; se trata de pasarlo bien aún cuando se vaya con el marcador en contra, jugar es más importante que ganar y ridiculeces contemporáneas, y altamente publicitadas por locutores vociferantes, como la competitividad, el alto rendimiento y el deportista de élite, no tienen cabida en este juego. Con la petanca se ejercita la musculatura de la muñeca derecha (o izquierda, si usted es zurdo), las vértebras lumbares y los corvejones; se trata de un ejercicio moderado que oxigena el organismo sin estresarlo, sin llevarlo al territorio de la taquicardia y de la sudoración aparatosa que alcanzan los campeones del gimnasio. El ejercicio que se hace en este deporte occitano, equivale al que haría usted al vagabundear por la campiña, o por una calle. La petanca es un deporte donde los participantes conversan e intercambian puntos de vista mientras juegan, es una actividad social, como sentarse con los amigos en el bar o en el café y, por tanto, no es apto para esos deportistas que, obsesionados por el triunfo, no miran más allá de su nariz. La petanca es un juego viejos, como he dicho, y este es uno de sus grandes valores; dentro de la cancha el mundo recupera la dimensión que tenía antaño, todo regresa a su sitio, como en aquella época dorada en la que en lugar de iPod o iPhone teníamos la conversación, el intercambio de ideas, y la cerveza tenía alcohol, el café cafeína, el té servía para templar la panza después de un episodio diarréico, el agua con gas para sacarse de encima un empacho y el fumar era un placer y no una vía para suicidarse socialmente. Además de ser un deporte amable, la petanca es un modesto referente que nos sirve para darnos cuenta de todo lo que hemos perdido. Para jugar petanca no se necesitan grandes conocimientos, ni grandes calentamientos, ni grandes faramallas ni equipo alguno, basta con arremangarse la camisa en el momento en que se brinca a la cancha. La petanca es un deporte, pero también es una estructura para practicar ese arte que hoy está tan mal visto, el arte de vivir la vida, sin más ambición que vivirla, dentro de un orden planetario donde lo que sirve, lo que es útil, es aquello que produce ganancias. Por todo esto, estimada lectora, o lector, lo invito a decir conmigo: viva la petanca. Digámoslo una vez más, ahora con un deseo de futuro: larga vida a la petanca.

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